Hace 18 años Fabio Biondi se presentó en San Sebastián
con unas revolucionarias 'Cuatro Estaciones' que posteriormente
reinterpretó. En su última visita a nuestra ciudad, en junio de 2008,
volvió a traer a Vivaldi en su maleta. Hoy se atreve con Bach.
-Si Vivaldi sirve para demostrar la importancia
de la ornamentación y la capacidad de improvisar de un intérprete, ¿qué
permite Bach?
-Hablamos de música en un sentido totalmente distinto,
con una escuela diferente. Aunque Bach tenía relación con la música
italiana, la copiaba y se inspirada en ella, su música es luterana y
germánica, está más ligada a su cultura y por ello, al interpretar sus
'Suites' nos metemos en otro universo. Aquí no se le pide al intérprete
una reinvención de las líneas melódicas; se trata de música más serena y
pesada. Quizá podamos encontrar esos aspectos de ornamentación o
improvisación en sus Conciertos para clave o violín, pero no en sus
Suites.
-¿Entonces la música de Bach no es tan susceptible de ser reinventada como la de otros creadores barrocos?
-No se puede reinventar, porque tiene una perfección que
no se encuentra en la música italiana. Si lo comparamos con la
gastronomía, la música italiana es un plato de base en el que hay que
elegir la salsa y los sabores, que pueden cambiar cada vez que el plato
se cocina. La música de Bach, sin embargo, es una receta completa y su
riqueza está en su profundidad. Obviamente, hay una parte viva en la
interpretación que hace que cada vez ésta cambie, pero la estructura
nunca se modifica.
-¿Diría que la música de Bach es de mejor calidad que la italiana?
-En cierto modo sí, porque es más completa, pero hacer un
juicio de valor entre la música de Bach y la italiana es difícil,
porque son espejos de aspectos culturales distintos e idiomas
diferentes. Desde que era pequeño he creído que si se toca música de
Bach es difícil volver a otros compositores, porque tiene una perfección
y una belleza que mortifica a los otros por su universalidad. Cuando
tocamos obras de Bach queda claro que se trata de una estructura
absolutamente perfecta y por eso, cuando vuelves a la música italiana lo
haces con una sonrisa. Te deja desarrollar más tu personalidad como
intérprete o tu virtuosismo.
-Hoy tocará en el Kursaal las Suites para
orquesta, obras que junto con los 'Conciertos de Brandemburgo, son de
las más conocidas de Bach. ¿Cree que puede aportar cosas nuevas?
-Yo creo que sí. Cada músico toca de forma distinta, cada
uno tenemos nuestra personalidad y sonido y además, cada vez se escucha
de una forma diferente. Y nuestras suites tienen una diferencia y es
que las presentamos en forma de música de cámara. En Bach las obras
están escritas para un grupo de instrumentos de número indeterminado. En
la época barroca el número de instrumentos dependía de varios factores,
como el tamaño de la sala, o aspectos económicos. Nosotros hemos optado
por una mirada de música de cámara. Y aunque quizá se pierda la
monumentalidad de este tipo de música, se escucha todo muy claramente.
En la cuarta suite, que es la que más componentes va a tener,
intervendrán 17 músicos. Me parece una mirada tímbrica interesante y
coherente. Pero bueno, es una hipótesis histórica tan respetable como
muchas otras. Se pueden respetar todo tipo de interpretaciones.
-Hace más de veinte años que fundó Europa Galante. ¿Qué balance hace de su trayectoria?
-Estoy muy contento. Mi objetivo era tener una familia de
músicos con las mismas ideas para trabajar en profundidad e investigar
sobre música poco conocida. Pensaba que sería maravilloso que durara
diez años y aquí seguimos, con entusiasmo y placer. No veo cansancio,
sino sed de aprender.
- ¿Se sigue considerando un revolucionario?
-Yo creo que los revolucionarios son personas importantes
y yo no creo que lo sea. Simplemente hemos desarrollado un lenguaje
divertido, latino, extrovertido y virtuoso, cosa que no se hacía antes
de los ochenta, pero nunca he tenido la idea de revolucionar. Ha sido
importante para el mercado demostrar que había latinos en un momento en
el que la música antigua estaba en poder de los nórdicos.
